3 de mayo de 2009

"NIÑOS DIFICILES EN EL AULA"


La personalidad humana esta compuesta por dos elementos: el temperamento, constituido por los rasgos que una persona tiene al nacer, y el carácter, que incluye las características de la personalidad que se van desarrollando en el tiempo, en la medida en que el individuo interactúa con el medio. Los especialistas afirman que las bases del carácter se establecen durante los 6 ó 7 primeros años de vida, lo que otorga a la educación preescolar y escolar un papel fundamental, que recae principalmente en padres y educadores.
Actualmente, en los jardines y escuelas se encuentran niños que ya desde los tres años presentan un carácter complicado y difícil de manejar por los adultos a su cargo, razón por lo cual suelen llamarse niños “difíciles”. Sien embargo, esta nominación más que ayudar a solucionar el problema, ayuda a etiquetar a los niños y atribuirles a ellos la responsabilidad de haber desarrollado tales características, olvidando que es el medio que mayoritariamente ha contribuido en dicho aspecto. Y en ese medio se encuentran, en primer lugar, la familia y los establecimientos educacionales a los que ha asistido el niño, y en segundo lugar, la comunidad y sociedad en que se encuentra inserto. Por esto, la intervención adecuada es crucial y lograr modificar las conductas indeseadas, más que un problema, debe convertirse en un desafío para padres y educadores. Si ambos realizan un trabajo conjunto oportuno, las posibilidades de éxito son altas y reales. Esa es la mirada que se debe adoptar.

¿COMO SON LOS NIÑOS DIFICILES?

Si bien los niños catalogados como “difíciles” presentan diferentes características de personalidad y las manifiestan con distinta intensidad, hay ciertos rasgos que suelen estar asociados a esta calificación. Se trata de niños que:

* Actúan de manera impulsiva.

* Presentan conductas agresivas verbales o físicas.
* Son muy activos o inquietos.
* Gritan o lloran con frecuencia.
* Tienen rabietas o se amurran cuando algo no les gusta.
* Les desagrada seguir instrucciones y cumplir reglas.
* Quieren ser siempre los primeros en todo.
* Les gusta expresar sus emociones o lo hacen de manera inadecuada.
* Son desafiantes ante la autoridad.
* Muestran dificultades para focalizar y mantener la atención.


¿COMO AYUDARLOS?

A continuación, se proponen algunas pautas para orientar la labor de los educadores en el manejo y formación de los niños que presentan un perfil similar al anteriormente descrito.

1.- Establecer reglas claras, idealmente construidas en conjunto con los niños, y determinar desde el comienzo los premios o sanciones por su cumplimiento o incumplimiento. Ser consistente y riguroso en respetar lo establecido, evitando hacer excepciones que puedan confundirlos.

2.- Enseñar y mantener rutinas diarias para todas las actividades que los niños realizan en la escuela y sugerir que los padres hagan lo mismo con las rutinas de la casa. Esto les da un orden a sus acciones y les otorga estructura a sus vidas.

3.- Instituir el diálogo como componente esencial de la comunicación con los niños. Para ellos es sumamente importante que se sientan escuchados, comprendidos y respetados por los adultos, pues así refuerzan su autoestima y seguridad en si mismos.

4.- Modelar permanentemente las conductas deseadas, ya que el comportamiento emocional es aprendido y se adquiere en gran parte por imitación de los adultos significativos.

5.- Observarlos con detención y conversar frecuentemente con ellos para lograr conocerlos al máximo y poder así determinar sus aspectos fuertes y débiles, de manera de poder aprovechar sus fortalezas para superar las debilidades. Esto facilitará enormemente el manejo de los niños.

6.- Generar instancias en que los niños puedan realizar actividad física como forma de liberar la gran cantidad de energía que suelen tener; no sólo gimnasia y deportes, sino labores cotidianas, como borrar la pizarra, repartir materiales, ir a buscar algo a otra sala, etc. Evitar dar castigos que impidan este proceso, por ejemplo, quedarse parado en la esquina de la sala o no salir a recreo.

7.- Jamás retarlos o criticarlos en público. Esperar un momento tranquilo a solas para conversar con ellos sobre lo ocurrido y preguntarles que les pareció lo que hicieron y si se les ocurre mejores maneras de actuar en situaciones similares a futuro. Ayudarlos con preguntas orientadoras si lo requieren.

8.- Al corregirlos, enfatizar claramente que sus comportamientos son inadecuados y cuestionables, pero no ellos como personas. Es muy diferente decir “tu actitud con tu amigo fue egoísta” a decir “eres un egoísta con tus amigos”. De esta manera se cuida su autoestima y se transmite la idea de que solo deben cambiar ciertas formas de actuar, pero no su esencia lo cual suena mucho más alentador.

9.- Darles refuerzos positivos toda vez que muestren un avance en su desarrollo personal, es decir, premiarlos cuando se porten bien, se controlen y piensen antes de actuar, respeten turnos, expresen adecuadamente sus emociones, permanezcan atentos durante una actividad, sigan instrucciones, etc. Utilizar reconocimientos verbales más que materiales.

Articulo extraído de la revista “AULA CREATIVA“ Nº 51 del mes de mayo de 2009.

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